miércoles, 1 de julio de 2020

¿ESTÁN EN PELIGRO NUESTROS DERECHOS FUNDAMENTALES?



Cuando el Presidente del Gobierno anunció la entraba en vigor el Real Decreto 463/2020, por el que se decretaba el estado alarma, a partir del 15 de marzo, no me causó ninguna extrañeza, dada la gravedad de la situación de crisis sanitaria en la que estamos inmersos.

Lo que hicieron saltar todas mis alarmas como ciudadana y como abogada durante 15 años fue la coletilla, esas pequeñas palabras o frases que se dicen rápido después de un largo discurso vacuo, con una clara intención de que pasen inadvertidas: “en la salvaguarda siempre de nuestros derechos fundamentales, es especial, el de circulación y de reunión”.

Durante estas semanas hemos sido informados, diligentemente, por todas las autoridades competentes (eso sí, centralizadas) de las multas que agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad imponían por incumplir o “saltarse” las restricciones reguladas en el mencionado Real Decreto.

En medio de una rueda de prensa, ministra competente soltó, en medio de una perorata soporífera, tres palabras clave: “activar el sistema de seguimiento” (en los Smartphone). Eso no me sorprendió, dado que el Estado cuenta con un software de seguimiento y control de todas nuestras comunicaciones e interacciones personales llamado Sitel, desde hace ya unos cuantos años. Como ocurre a nivel mundial.

De todo lo anterior, les emplazo a que busquen en las hemerotecas.

Pero, no me quiero desviar del tema, en sí mismo complejo y de mayor gravedad de la que los mass media, altavoces de la posverdad oficial que llega a la ciudadanía de una manera machacona, tanto por las leyes y normas que entran en juego, su correcta interpretación y su buen uso o abuso y que, en mi  modesta opinión, se han utilizado para suprimir de forma inconstitucional derechos fundamentales: el de libertad de circulación, de reunión, manifestación, por mencionar algunos.

El art 116 de la Constitución española establece que los estados de alarma, excepción y sitio deberán ser regulador por una Ley Orgánica, que es la 4/1981.

El artículo 11 de la Ley Orgánica 4/1981, regula que en un estado de alamar “se podrán acordar medidas como limitar la circulación permanencia de personas y vehículos en horas y lugares determinados, o condicionarlas a la cumplimente ciertos requisitos”.

Sin embargo, lo que el ejecutivo central ha hecho, con la posterior aquiescencia de todo el arco parlamentario, es suprimir los derechos de reunión y libre circulación con carácter general, permaneciéndonos salir a la calle en ciertos supuestos como númerus clausus (de sobra conocidos por todos, a estas alturas), recogido en el artículo 7.

En concreto, los derechos fundamentales de libertad de circulación y reunión sólo pueden ser suspendidos a través del estado de excepción, mucho más restrictivo en los supuestos en que se debe regular, tiempo de duración y control por parte del Congreso.

Dicho al revés, bajo el paraguas de la declaración del estado de alarma no se permite la supresión de ninguno de nuestros derechos fundamentales.

Es cierto que dentro de los supuestos en que es procedente decretar el estado de alarma es por motivos sanitarios o de salud pública. Aquí, me remito a lo regulado por la Ley Orgánica 3/1986, de 14 de abril, de medidas especiales en materia de salud pública.

Para cerrar el paquete legislativo, no quiero que se quede en el tintero la Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana, más conocida como “Ley Mordaza”.

En ningún momento pongo en duda la necesidad de que se tomaran medidas para garantizar la salud pública. Lo que pongo en duda, es más, crítico la vía por la que se ha actuado, a todas luces inadecuada, extralimitándose en sus funciones. ¿Acaso utilizar los cauces adecuados sería una acto de trasparencia democrática que sentaría un mal precedente? ¿Tal vez no se ha tenido el valor político de explicar a la ciudadanía que ante la gravedad de la pandemia, debía acudir a la implementación de un estado de excepción?

Lo han hecho, tarde, mal y por la puerta trasera.

Para concluir, tengo serias dudas sobre la validez de todas las sanciones impuestas durante este periodo. Algunas ya han sido declaradas nulas por algunas Delegaciones del Gobierno. Habrá que esperar la casuística cuando lleguen a instancias judiciales.


artículo escrito el 22/04/2020




Artículo publicado en el núm. 3 de la Revista Identidadhttps://bit.ly/2Zl9NVW en la que tengo el gusto de colaborar. Quien me conozca se puede sorprender de que colabore una revista con una línea marcadamente conservadora. La razón es sencilla: el respeto a la libertad de pensamiento y de opinión, y la convergencia en el sustrato de valores que compartimos, si bien, a veces partiendo de premisas diferentes. El editor, conocedor de mi manera de pensar, me invitó a participar sin ningún tipo de censura en mis colaboraciones. La grandeza del respecto mutuo a la diferencia de pensamiento, creencias religiosas, ideas políticas o posicionamiento ante la vida, sin imposición de una a otra, es algo de un inconmensurable valor en sí mismo.

lunes, 1 de junio de 2020

MORIR EN SOLEDAD


Y llegaron las primeras cifras, las primeras estadísticas, después de que dejarán de ser un resfriado común. La mayoría de fallecidos eran personas mayores.

Y respiramos internamente los que no nos hemos hecho unos niños grandes con el paso del tiempo. A los niños de corta edad no les afectaba. Por el contrario eran los que más podrían contagiar.

En fin, son mayores, abuelos y abuelas, padres y madres de alguien. ¿Qué le íbamos a hacer? Ya habían vivido su vida, ¿no?

Si al lector no le gusta lo que digo hasta aquí, le animo a que no siga leyendo, porque menos le va a gustar lo que sigue. Si lo hace, bien. Y le agradeceré la lectura hasta el final. Ni una cosa ni la otra es mala ni buena. Es su decisión.



Un virus selectivo que se lleva por delante a la población que ya no es productiva y que le cuesta al Estado un dinerito en pensiones. Bueno, al fin y al cabo, eran viejos.

Nuestros mayores, los más afectados por el Covid19 han muerto SOLOS. Y, lo hemos consentido. Sí, no hay otra palabra para definirlo mejor. Como obediente ovejas del gran rebaño.

HEMOS CONSENTIDO que nuestros mayores, nuestra familia, que perdieron su batalla ante el enemigo invisible, hayan estado SOLOS en los últimos momentos de su lucha.

Desde el primer minuto en que se decidió el “cierre de puertas”, la consigna fue clara: no se permiten acompañantes, para evitar más contagios. ¡Qué gran falacia!

Digan que por falta  de medios: de batas,  de gorros, de mascarillas,…De todo ese material desechable que se usaba para entrar y visitar a un enfermo diagnosticado con una enfermedad contagiosa. No hace tanto. Claro!, eso pasada en la antigua realidad, no en la nueva.

¿Cuándo no se ha podido entrar a acompañar a un familiar, amigo, diagnosticado con una enfermedad contagiosa, debidamente protegido?

Es cierto que faltaban material sanitario básico, (ese se nos ha dicho), por falta de previsión, o del motivo que sea del que alguien es responsable. Ha faltado para el personal sanitario que está en primera línea, convirtiéndose ellos y los hospitales en uno de los centros de mayor foco de infección. La línea Maginot de la nueva guerra.

Pero, ese es otro tema que merece ser tratado aparte. Falta de previsión falta de toma de decisiones inteligentes. Toda la versión oficial de los hechos, de la historia que se quiera y más. Yo, lo siento, no me lo trago.

La población también hemos tenido que inventarnos mascarillas caseras para nuestra autoprotección.
¿Qué Estado es este que deja a su suerte a toda la población, sana, asintomática o enferma?

Pero, volvamos al tema. Las autoridades han dicho y han decidido. Y nosotros hemos consentido, hemos dejado morir en la mayor de las soledades a las personas que pasaron una guerra, una postguerra, una dictadura, que se destrozaron la salud trabajando parar prosperar ellos y sus familias, nosotros sus hijos y nietos. Y, de paso, el país.

¿Cómo lo hemos agradecido? Cumpliendo con una consigna indignante.
No soy quien para decir cómo se debería haber reaccionado la gente a la que le ha tocado perder a un ser querido en estas circunstancias. Ellos mismos no han podido despedirse, Y, eso, psicológicamente pesa y pesará mucho más que en un duelo normal.

Sí puedo decir lo que yo hubiera hecho: hubiera estado allí, bajo mi responsabilidad, firmando todas las declaraciones de excepción de responsabilidad que hubiera hecho falta; buscándome la vida para conseguir esas medidas de seguridad básicas que ahora se vende a precio de oro. Pueden que me hubieran tenido que sacar a la fuerza. Puede que me hubieran echado. Pero, nunca, acatado sin más órdenes que, hasta un soldado en estado de guerra puede y debe desobedecer cuando van en contra sus creencias, de la moral, la ley o derechos fundamentales.

No nos podemos amparar en el “hemos cumplido órdenes”. Hemos sido cómplices. Ya no le eches la culpa al gobierno, el estado el decreto de estado de alarma…No. Aquí el responsable hemos sido cada uno de nosotros. Y, ya no me refiero a la masa social maleable que sale a aplaudir a los balcones. Ya no me refiero a la cobardía que como colectivo nos han inoculado, ni al hecho de que nadie va a levantar la voz a sabiendas de que se va quedar solo.

Y, ¿si hubieran sido los niños el segmento de la población al que este maldito bicho atacaba con más ahínco? ¿Hubiera habido más protestas, manifestaciones? ¿Los padres se hubieran unido y se hubiera llamado a la desobediencia civil? Esos mismos padres, hijos de otros padres. Es cierto. El tema es delicado, ya que no hay imágenes más aterradoras que la de un niño enfermo, el mayor de los inocentes en un conflicto bélico. Algo en nuestro interior, de forma innata, tiende a protegerlos. Hablando en términos de fría sociología, son nuestro u futuro. Y, la pérdida de un hijo de corta edad, que apenas ha comenzado a dar sus primeros pasos en este incierto Mundo es un golpe mucho más duro que el traspaso a otra vida u otro mundo de alguien de setenta u ochenta años. Pero, nos estamos pasando por alto algo sagrado: el derecho a la vida de TODOS, y llegado el momento, el derecho a una muerte digna.

Les hemos quitado lo último que a un ser humano se le puede quitar en sus últimos momentos en este mundo. Su dignidad ante la muerte.

Otro experimento social que ha sido resuelto con éxito.

Un virus muy selectivo que deja nuestras consciencias tranquilas.
11/05/2020




Artículo publicado en el núm. 3 de la Revista Identidadhttps://bit.ly/36NCNsM en la que tengo el gusto de colaborar. Quien me conozca se puede sorprender de que colabore una revista con una línea marcadamente conservadora. La razón es sencilla: el respeto a la libertad de pensamiento y de opinión, y la convergencia en el sustrato de valores que compartimos, si bien, a veces partiendo de premisas diferentes. El editor, conocedor de mi manera de pensar, me invitó a participar sin ningún tipo de censura en mis colaboraciones. La grandeza del respecto mutuo a la diferencia de pensamiento, creencias religiosas, ideas políticas o posicionamiento ante la vida, sin imposición de una a otra, es algo de un inconmensurable valor en sí mismo.


viernes, 1 de mayo de 2020

ESCLAVITUD MODERNA






El procedimiento para formular conclusiones o leyes de funcionamiento (ya sea en física, astrofísica o en sociología) empieza, necesariamente, con la observación. En un análisis particular de la evolución de la sociedad en los últimos, pongamos, treinta años, los cambios has sido demoledores, vertiginosos e impensables, pero tozudamente conducentes a un mismo objetivo: el control de la sociedad.

Cuando el filósofo griego Heráclito (540 a.C.-480 a.C.), formuló su ley de la evolución constante, “todo fluye, todo cambia y nada permanece”, en mi modesta opinión no creo que se refiriera a la construcción de un paradigmático mundo feliz a la medida de una élite dominante (Huxley, 1894-1963), sino en la personal y, por ende, de la sociedad, hacia una mayor madurez, respeto hacía tus conciudadanos y hacía el entorno donde se habita.

Permítame el lector una breve anécdota antes de proseguir con este artículo de opinión. Era estudiante de Derecho y volvía en tren para pasar en casa el fin de semana. El vagón lleno de pasajeros sentados en los asientos de escay, algunos agujereados, frio o enganchoso según la época del año. Un par de asientos más adelante del que yo ocupaba, un joven estaba explicando su vida como militar. Boina verde, dijo. Su tono era alto y contundente: “¿os creéis que controláis algo?. Todas estas libertades, manifestaciones en reclamación de derechos, se acabarán cuando ellos quieran”.

En la actualidad, inmersos en una crisis económica y de valores sin precedentes, se ha desvanecido esa falsa sensación de libertad. Habíamos hipotecado nuestras alas de la verdadera libertad como individuos a cambio de las promesas de falsos profetas, y de una falsa comodidad en nuestras vidas.
Cuando un imperio o sistema cae o llega a su colapso, deviene el caos por un cierto tiempo. Es una de sus primeras consecuencias, en esta ocasión muy medida y planificada desde hace décadas por aquellos que detentan realmente el poder. Hasta ahora, nos habían hecho creer que a este sistema caduco se le estaba cosiendo parches en sus harapos.

En esta nueva crisis los enemigos no son hordas de guerreros bárbaros. El enemigo es invisible.

Heráclito también dijo que “la guerra es la madre de todas las cosas”, en un proceso eterno de cambio para que todo se mantenga igual. Los imperios, los gobiernos, los poderes, las élites gobernantes necesitan de un nacimiento y destrucción constante para perpetuarse. Siempre necesitan de un contrario, de un enemigo para justificar su propia existencia.

Se habla del Nuevo Orden Mundial, donde le nuevo sistema (como siempre), afloja la cuerda invisible con la que ata a todos sus súbditos (no ciudadanos) alrededor del cuello y que aprietan o aflojan según convengan, con lo que la masa sigue anestesiada, conformista y sin revelarse, crisis tras crisis, en un proceso imparable de involución.

Y, ¿qué mejor manera de ejercer un control mundial que “luchar” contra un enemigo invisible?. Un control ejercido por el miedo.

Nada nuevo. Maquiavelo (1469-1527), en su obra “El Príncipe”, aconseja al Lorenzo II de Médici que, para mantenerse en el poder, sus súbditos le debían tener, no querer. El miedo paraliza cualquier acto de rebeldía.

El sistema, siempre piramidal, necesita esclavos. Es la esclavitud moderna. A cualquier sistema le resulta más rentable tener “ciudadanos” en vez de “súbditos”, “hombres libres” con derechos y libertades sobre el papel, que esclavos como clase social, mejor dicho, la no clase. Se ha construido una sociedad individualista  y egocéntrica, preocupada más por el tener que por el ser, por el aparentar que por la integridad.

La agenda política tiene un punto clave para conseguir los fines que se ha propuesto: control. Todo lo que está sucediendo de forma periódica y metódica es para reducir en cada crisis derechos y libertades del gran rebaño mundial. Donde la disidencia (como contrapoder) está controlada y auspiciada por el mismo poder.

El día en que cambió el mundo que conocimos, donde nos sentíamos seguros por su reflejo de falsa inmutabilidad, aparece la incertidumbre, controlada y dirigida por la élite gobernante.

Preocupados por un futuro incierto, pero obedientes ciudadanos confinados, manipulados, ya no subliminalmente sino con todo descaro, con un avalancha de información, (unas contradictorias a otras) que nuestro cerebro no puedo procesar para separar la paja del grano.

Nos acostumbramos a todo, inclusos a un confinamiento impuesto, pero voluntario por el bien común, que más se asemeja a un arresto domiciliario. Cambiamos nuestro ritmo de vida alocado, donde no había tiempo para nada ni para nadie, por otro tiempo ralentizado para estar con tu familia y hacer esas cosas que antes no podías hacer. Ninguna de las dos posiciones es sí mismas  son malas, salvo por el hecho que el producto eres tú, moldeado en la escuela y la universidad. Vivimos al ritmo que nos marca el amo.

Surgen propósitos de enmienda, de volver la vista a los valores básicos e inmutables en los siglos, los que anclan a todo ser humano a la Tierra. No valorábamos lo que teníamos. Los valores de respecto al prójimo, de ayuda mutua, de saber que se forma parte de un colectivo, de respetar tu entorno, dentro de una filosofía naturalista no tiene en cuenta las banderas, las creencias religiosas, etc.

¿Cuántos mantendrán ese propósito cuándo vuelvan a estar sentados en la terraza de un bar? Muchos vamos por esta senda, otros se unirán; la mayoría adoctrinada, me temo, quedará encandilada por las baratijas que brillan al sol, a cambio de quedar despojados de lo que realmente tenían de valor.

Desconocemos la fuerza que tenemos todos los que formamos su base, imbuidos por sentimiento de miedo arraigado, de discrepancias entre nosotros mismos, alentados por falsa promesas de cambio.
Quiero acabar con una idea y una pregunta:

La idea: cuando dejas de tener miedo, vuelves a recuperar tu libertad, que habías cedido, perdiendo el gobernando el control sumiso.

La pregunta: ¿te has preguntado alguna vez qué pasaría si se quitase algunas de las piedras que sustentan la base de la pirámide?.




* Artículo publicado en el núm. 2 de la Revista Identidad, https://bit.ly/2YuceXo en la que tengo el gusto de colaborar. Quien me conozca se puede sorprender de que colabore una revista con una línea marcadamente conservadora. La razón es sencilla: el respeto a la libertad de pensamiento y de opinión, y la convergencia en el sustrato de valores que compartimos, si bien, a veces partiendo de premisas diferentes. El editor, conocedor de mi manera de pensar, me invitó a participar sin ningún tipo de censura en mis colaboraciones. La grandeza del respecto mutuo a la diferencia de pensamiento, creencias religiosas, ideas políticas o posicionamiento ante la vida, sin imposición de una a otra, es algo de un inconmensurable valor en sí mismo,


domingo, 9 de febrero de 2020

Jueves, 16 de febrero de 2017

Son las nueve de la noche. He llegado a casa hace media hora y me he estirado en la cama.

Suena el móvil. Alguien que se presenta como la doctora “nosequé” dice mi nombre en un tono bajo, como aquél que sabe que va a dar una mala noticia, de esas que no hay forma de darlas. ”Siento comunicarle que su madre ha muerto”.

Salté de la cama gritando: “debería haber estado allí”. Me vestí como una loca repitiendo “debería haber estado allí”. Mientras, mi compañero en la vida desde hace unos meses me miraba, también se vestía, a la vez que intentaba calmarme.

Salí corriendo. Sabía que él venía detrás, pero no lo esperaba. Corría, corría. “Debería haber estado allí”. Hacía media hora que había vuelto del hospital, después de pasar la tarde haciendo gestiones. De vuelta, un impulso me hizo entrar en la rectoría para hablar con el párroco de la iglesia donde quería que se oficiara el funeral, porque era la más bonita de la ciudad. Llevábamos tres meses de agonía, pero fue esa la tarde en que visité al párroco.

Llegué sin aliento a la residencia hospitalaria. Y seguía gritando: ”debería haber estado allí, debería haber estado allí”.

En la esquina de la habitación, en una silla, sin moverse, estaba mi padre.

En la cama del  hospital, el rostro sereno sin vida de mi madre. La abracé.

Unas manos cariñosas y compresivas quisieron cogerme por los hombros, pero yo los rechacé, rota de dolor.

La aprensión que siempre había tenido a ver un cadáver ya no existía. Esta vez la muerte no se había paseado por la calle de al lado. Esta vez no era otro el muerto. Esta vez era mi madre.

Miraba su cara, su cuerpo. Sobre todo su cara. ¡Qué cosa tan curiosa! El halo de vida que sentido a todo se había ido. Ella se había ido. Cansada, enferma, después de una vida con más sufrimiento que alegrías, sacando fuerzas de flaquezas y tirando de todos nosotros. Se fue.

Y, a partir de ese momento, empezaría el vacío para los vivos de este mundo.

Su rostro estaba sereno, pero diferente. Ya no estaba allí. Descansaba dios sabe dónde, y deseé con toda mi alma que desde ese primer segundo en que nos dejó encontrara la paz y la felicidad que poco encontró aquí.

Era raro, extraño, diferente, ver el rostro de mi madre muerta, tantas veces visto, pero ahora  tan diferente. Se me escapaba de la comprensión y se me escapará siempre. Esa imagen me acompañará en mi memoria, aun sabiendo que se diluirá con el tiempo, ahora tan nítida.

Un pálpito interior muy fuerte me decía que murió a los cinco o diez minutos de abandonar la habitación y dejará allí a mi padre, que hacía poco que había llegado.

Esa media hora que tardé en recibir la llamada fue lo que tardó la enfermera en entrar en la habitación, haciendo su ronda habitual. Se acercó a la esquina donde estaba sentado su marido y le dijo “voy a avisar al médico, su mujer ha fallecido”. Eso me dijo.

Si se había dado cuenta o no, ni lo sé ni ya importa. Lo que tengo claro, es que él entró en la habitación, se sentó en la silla y de allí no se movió hasta que yo llegué de nuevo. No me extrañé. Es su manera de estar, no sabe otra. Si ni siquiera le cogió la mano cuando ella alguna vez se la había tendido, en sus últimos meses de entradas y salidas del hospital. Es su manera de intentar huir del dolor; no sabe otra. Llegó y se sentó. Nada más.

Epílogo

Ves, mamá, como te equivocabas. “Sin mí, no durará mucho”, solías decir. Ahí sigue, desprovisto de la fuerza bruta que hacía valer, no es más que un viejo que reclama atención y que sabe que ya no puede hacer la suya. Y, el caso es, mamá, que cuando muera, le lloraré.

Me quedo con  nuestros tres últimos días de abrazos y besos. Nos despedíamos. De vez en cuando, tú me apartabas porque te abrazaba demasiado fuerte y necesitabas respirar. A los pocos minutos, cuando recuperabas unas migajas de fuerza me volvías a tender la mano, que yo cogía entre las mías, y nos mirábamos a los ojos, sin decir palabra, pero diciendo mucho con el corazón y entendiéndolo todo. Ese recuerdo siempre ha sido un bálsamo para mi alma. En realidad, me quedo con todo. Porque ese todo forma parte de mí.



miércoles, 19 de diciembre de 2018

HI SEREM TOTS O NO HI SEREM


Fa uns dies una amiga em va convidar a la festa d’aniversari de la seva filla. Uff! Vaig dir jo. Mare de Déu Senyor, com passa el temps!. Per una personeta que tot just comença el seu caminar per aquest món, són molts pocs, poquets, els seus anyets. He estat testimoni de la boda dels pares, i la vaig conèixer al cap d’unes hores que la parís la seva mare. O sigui, que l’amistat ens ve de lluny; més amb la mare que amb la filla, no cal ni dir-ho.

Però, pels qui tenim els seus anys multiplicats que uns quants factors, ja estem en una edat en que hem pres consciència que el temps és el veritable amo i senyor de la nostra existència; aquest temps, que  ens semblava etern a la joventut, se’ns ha relliscat entre els dits i veiem com agafar una velocitat que no ens agrada, empès per la inèrcia de la baixada.

Al tema, em va comentar que ella i dos pares més, coincidint que els seus respectius fills feien anys la mateixa setmana, van tenir la bona idea de llogar un espai per celebrar la triple efemèride.

Jo anava preparada per entrar per unes hores en una zona de brogir ensordidor, crits, carreres, rialles, tombarelles en matalassos elàstics, roba i jaquetes amuntegades, “vine cap aquí, que et faci un petó", “que ara no, que estic jugant”, “has vist al meu fill” (el fill de qui??), i intercanviar algunes frases fetes de convencionalisme social raonable, entretallat amb “vols més pastís?.- No gràcies.- ja has menjat pastís?.- Sí, gràcies”.

I, el que em vaig trobar va ser això i molt més. D’entrada els pares i parentius estaven repartits, visualment, en tres grups que, si fa no fa, venien a correspondre al país d’origen del pares. Però, en girar la mirada a la dreta, on estava la zona de jocs, el que es veia era a més de quaranta nens i nenes jugant, rient, saltant, en definitiva, gaudint com nens, que és el que són.

Davant meu es dibuixava una paleta de colors fantàstica, com bons fills dels seus progenitors: blanquets, morenets, cabells llisos, rínxols negres. O dit d’una altre manera: de l’Europa mediterrània, la de l’est, del Magreb, subsaharians, brasilers, bolivians, ....

Per un segon, com en una bona pel·lícula en que la càmera dona la volta amb el protagonista per portar-te a l’altra banda, em vaig veire en  mig del nens i, la màgia de la innocència, del mirar sens prejudici, va fer la seva feina: JA NOMÉS VEIA NENS I NENES JUGAN. NO HI HAVIA CAP DIFERÈNCIA.

Entre els grans, doncs, una mica de tot: qui ja era de mena xerraire com jo i va explicar experiències vitals enriquidores, qui tractava d’interrelacionar-se més o menys, i qui no (ves a saber si per timidesa, vergonya o poques ganes de parlar amb algú que no coneixia de res i que quan sortís per la porta el més probable és que no el tornés a veure, per la simple i senzilla raó de que no formava part del seu petit món). El petit món que tots tenim.

Tot plegat, aquella tarda a mi em van fer un regal: veure a la realitat el que ja sabia el meu cap: el futur el tenia davant meu. Aquests nens i nenes que tot just comencen a escalfar per sortir al terreny de joc de la vida, són el nostre relleu.

I si hem d’avançar com a ciutat, com a societat, com a país, HI SEREM TOTS O  NO HI SEREM.

Ep! Tranquils!. Que encara em queda molt a dir i a fer, que just començo la segona part del partit de la vida, que és la millor.





sábado, 20 de octubre de 2018

LOS OLVIDADOS DE BALER


 1 de julio de 1898. Filipinas. Isla de Luzón. Pueblo de Baler.

Los soldados que formaban el destacamento del ejército español (un capitán, dos tenientes,  un oficial médico y entre 46/51 soldados según las fuentes) se atrincheran dentro de la Iglesia ante el ataque de los rebeldes zagalos.

13 de agosto de 1898. París. Firma del Tratado de capitulación del España, por el que cede a los Estados Unidos Filipinas, Cuba y Puerto Rico.

2 de junio de 1899. Iglesia de San Luís de Tolosa (Baler).

El único oficial superviviente firma la rendición, después de 337 días de asedio/resistencia/beriberi/disentería/deserciones/y dos fusilamientos por deserción, ante las autoridades filipinas, al “creerse” la veracidad de la noticia. Salen junto a él 33 harapientos soldados.

Tras la muerte del capitán, es el teniente Martín Cerezo quien asumió el mando, y mantuvo la defensa de las míseras cuatro paredes porque era territorio del imperio español- o lo que quedaba de él-, manteniendo una férrea disciplina a la espera de la llegada de refuerzos.

Todas las noticias de la rendición del Gobierno de la metrópoli de Madrid eran meras artimañas para que depusieran las armas. Ni en prensa escrita ni emisarios. Todo falso.

Las crónicas cuentan que hasta en 5 intentos, aunque sólo él último de ellos por parte del gobierno de Madrid, que hasta entonces no había hecho ni dicho nada.

Irónicamente, el teniente capituló al ver una pequeña reseña de una noticia en el último de los periódicos que les dejaron a las puertas de la iglesia. La noticia era la del traslado de un compañero suyo a Málaga. Todo lo demás hasta entonces, era o podía ser falso.

1 de abril de 1899. Entrada en vigor del Tratado de París. Los filipinos, antes abastecidos por el gobierno de EEUU, ahora luchan contra él. España había vendido 20 millones de pesetas lo que era su territorio colonial de las Islas.

El  precio del patriotismo de la época era de 15.000 reales (lo que equivaldría a 1.500-2.000 ptas. o 250-300 € actuales) y un sustituto. Dinero, (mucho para la época), y otro pobre desgraciado para fuera como soldado. Era el precio que el gobierno español puso para que el llamado a filas pudiera eludir su “compromiso” con la patria y su imperio decadente, miope, inoperante e incompetente. Por eso todos los soldados, el ejército (salvo los oficiales de carrera militar), la formaron pobres y analfabetos, lo que viene a ser la mayoría de la gente.

Se conservan muchas cartas enviadas desde las Colonias de ultramar, incluso algunas del grupo de soldados de Baler. Todas con la misma letra. Solía ser un oficial o el médico quien les escribía las cartas a las familias de muchachos que habían pasado de jornalero a soldados sin saber muy bien cómo – la alternativa era mucho peor-, y todo lo que sabían del mundo era que los habían metido en un barco y los habían dejado en medio de una espesa foresta.

Así salieron los “Últimos de Filipinas”: con honores por parte del gobierno republicano recien instaurado en Manila, y el olvido del español.

Todo lo hasta aquí contado son los hechos y datos históricos registrados.

Esta pequeña historia es más conocida como “los últimos de Filipinas”, y mucho tiempo después utilizada para ejemplificar el patriotismo español mucho después de dejar de ser potencia colonial. Incluso hay quien la tilda de ejemplar página bélica española.

Nunca fueron héroes, ni se les trató como tal por parte de esa patria que los olvidó en vida y utilizó su historia, maquillándola convenientemente, como suele ocurrir, para henchir un espíritu patriótico, cuando no queda nada más que una exasperante obcecación.

Eran hombres simples y sencillos obligados a ir a una guerra de la que ni sabían su nombre.









lunes, 13 de agosto de 2018

CARTA A ISRA


En aquests dos anys en els que la Roda de la Vida ens ha fet voltar i posat cap per vall més vegades de les que semblava que podríem suportar, l’ únic inalterable davant de tants terratrèmols sota els meus peus has estat tu, Israel.

Les tempestes que han sacsejat dins nostre ens han canviat la forma de veure i viure la vida, d’estar en aquest món on ja no hi son persones i ésser estimats, (cosa que no és fàcil d’afrontar, però tu n’has tingut la valentia).

Un dia, ara farà dos anys de calendari, els estels es van alinear i et van portat davant de la porta de casa meva, que ara és casa teva, casa nostra.

Tots dos, amb els nostres defectes i les nostres virtuts, hem construït una nova llar. I, malgrat pugui semblar a ulls estranys, no ha estat fàcil. De vegades et donava la mà jo, d’altres tu. Però, sense estrènyer gaire fort ni arrossegant amb preses. Sense demanar res a canvi. Només estar al costat l’un de l’altre. Tu, sempre al meu costat, de vegades en silenci, però sempre amb mi.

Un silenci interior, per no pertorbar l’un a l’altre, quan calia, hem anat escombrant les cendres i la pols que portavem a sobre, per poder construir de nou, sobre nou, en net, la nostra nova llar, per viure junt , i amb la nostra gosseta.

La perspectiva del temps molt, una mica traïdora, sovint es desdibuixa i em causava, de tant en tant, una mica de vertigen: ja no. Dos anys només!. Quan de temps! Quin poc temps!.

Dies que semblaven inacabables, i, al cap i a la fi, quan surts del túnel, te n’adones que han esta unes setmanes.

Moments tendres, relaxats, de gaudir, de descobrir junts, que sempre volen. Se’ns fan curts, massa breus. Sempre ens falta un dia més.

I durant tot aquest temps, de vegades llarg, de vegades curt, sempre ha estat al meu costa. I, jo al teu. I espero que aquests temps duri tota la vida que ens quedi per viure.

Tu, inalterable per fora, m’has fet créixer, deixar que estigui a terra fins trobar les forces necessàries per aixecar-me, per què creus em mi i m’has fet creure em mi. Se jo mateixa i que tu siguis tu. Quin millor regal.

Només espero que hagi estat capaç de donar-te tant com tu a mi, des de l’amor, el respecte, la compressió, la complicitat i la llibertat de ser com som. I, tanmateix, se capaços de canviar, i no errar en allò vell que cal llançar de dins nostre, obrir les finestres i que entri aire fresc, i deixar sortit tot allò que van deixar en un racó.

Amb tu els problemes s’empetiteixen, i els moments que estem junts es fan grans. Com sempre havia volgut.

Tots dos sabem que la vida encara ens té preparats un bon parell de sotracs, que no podem ni devem evitar. Serà inevitable i així ho acceptarem.

Però, mentre no arribin, i que arribi quan vulgui, continuem gaudim l’un al costat de l’altre, de vegades en silenci, de vegades xerrant o molt i tu demanant-me que calli un moment per parlar tu.
Per molts anys banyats pel vent del Nord.

Sempre amb tu.

Trini



martes, 6 de marzo de 2018

PUERTAS QUE GOLPEAN


Era la hora de comer, puntual a las 2. La madre no se podía retrasar en esas cosas. Sabía que su marido se enfadaba si la mesa no estaba puesta a esa hora. La niña se preguntaba qué importancia tenía 5 o 10 minutos más, porque mamá hubiera tenido más trabajo; se podría haber retrasado porque hubiera estado hablando con alguna amiga, con la vecina, o jugando con ella y su hermano.

La niña lo había odio desde siempre, aunque su siempre fuera era brevedad de 8 años. Y su madre se había ocupado de inculcarles que no había que hacer enfadar a papá.

Así que todos puntuales alrededor de la mesa puesta, para comer unas lentejas estofadas.

A diferencia de su hermano que se arrasaba con todo cual carpanta, la niña era más lenta comiendo, y con el defecto de ser habladora. Y, alrededor de la mesa era un buen momento para seguir hablando, preguntado cosas, o haciendo observaciones que, no sabía por qué, molestaban a sus mayores.

- Oye, mamá!, por qué yo tengo que hace mi habitación y mi cama, y a mi hermano se la haces tú o me dices que te ayude?.

- Mamá, por qué me mandas a mí a poner la mesa y no le dices nada a mi hermano? Es mayor que yo. El plato con la comida cliente, tan buena que haces, no aparece como por arte de magia encima dela mesa.

- Por qué yo no tengo un bicicleta y me dices que coja la de mi hermano? Y el cine-exit?. No, no es a medias, es suyo.

La niña siempre había observado que su papá cuando estaba en casa nunca hacía nada. Era cosa de su mujer.

Y, observaba como su mujer lo tenía todo dispuesto, incluso ella, para su marido.
“Marido- esposa”, “hombre-mujer”, esa relación la entendía la niña. La que no le cuadraba era la de “marido-mujer”, como si el status fuera diferente.

El padre, ese día, como otros muchos, parecía no estar de muy buen humor. Pero, la niña continuaba hablando, a lo que la madre le respondía como en un rosario “come y calla”.

- No tengo mucha hambre. -respondió.

- Qué te lo tienes que comer todo! -, y cogió la cuchara la llenó y se la llevó a la boca la niña.

- Es que en esta casa no se puede estar tranquilo ni a la hora de comer!!!- gritó padre.

Y, de repente, como siempre, dio un fuerte golpe con su puño cerrado en la mesa que hizo saltar todos los platos, y la comida quedó esparcida por todo el suelo.

El hermano mayor no decía nada, mayor que ella, “debe ser que aún era pequeño”, pensó. Lo que la niña tampoco comprendía lo que había sucedido. Aunque ya se estaba acostumbrado a este tipo de escenas.

- Habéis hecho enfadar a papa. -recriminó la madre, de forma sumisa.

- Pero, qué he hecho? -Dijo desconcertada la niña.

-Siempre igual, haces enfadar a papá con tus tonterías, y luego lo pagamos todos – al fin dijo su hermano.

- No pasa nada, lo recojo todo en un momento-  Dijo la madre.

El padre, después de su acceso de ira, rabia, o lo que sea, se quedó retraído y en silencio un rato.

A la mañana siguiente la madre apreció con un ojo hinchado.

- Qué te ha pasado en el ojo, mamá?

- Nada hija. Anoche me levanté a oscuras y me golpeé con una puerta.

- Pues, si las puertas te golpeas, por qué no haces algo?

- Soy su mujer, y la mujer debe seguir a su marido vaya donde vaya y haga o lo que haga.

-No lo entiendo, mamá. - replicó la niña. Por qué? Por qué dejas que te golpeen las puertas? Por qué no puedas hablar o salir con tus amigas? Por qué no podemos salir de paseo y volver un poco más tarde? Por qué no te puede poner esa falda  y esa blusa tan bonitas que te compraste? Por qué cuando papá dice de ir a algún sitio tú no paras de trabajar para prepararlo todo?. Por qué sigues con esas puertas? Por fuera son bonitas. Las visitas las ven y dicen que son bonitas, pero no saben que cuando se cierra la puerta de casa, son malas, te hacen daño, rompen cosas. Podemos irnos a otro sitio donde haya otras puertas…o sin puertas (sonrió la pequeña).

-Porque soy su mujer y no estaría bien visto que cambiara las puertas y todos supieran que las he cambiado o que me he ido porque no soportaba ya las puertas. Dejaría en muy mal lugar a las puertas, Qué pensaría la gente de ellas?

- No lo entiendo, y creo que no te entenderé nunca. No es correcto. Tienes miedo mamá?






lunes, 19 de febrero de 2018

ISABEL Y FERNANDO, CADA UNO EN SU CABALLO


Soy fan de Axterix y Obelix, y esa irreductible aldea gala creada por Uderzo y Goscinny, no solo por su ingenio, sino por la más que segura y obligada labor de estudio y búsqueda de datos para situar a los personajes en un contexto histórico concreto y real.

Este artículo no prende ser ninguna clase en miniatura de Historia. Pero, después de leer, escuchar y oír muchos rebuznos, vengo yo y digo la mía. La sangre que me hierve la he intentado calmar pasándola por el filtro del cerebro, y no solo por el hígado, que ya va muy cargadito.

Pues bien, la conocida frase de “Isabel y Fernando, tanto monta, monta tanto”, siempre la entendí como la plasmación de una igualdad en la toma de decisiones. Una igualdad en su reinado, donde la reina no era solo,  por ser mujer,  que la consorte destinada a tener descendencia para que continuara la dinastía,  (no se vosotros cómo la entendéis).

Por cierto, ya que menciono el tema de la descendencia, y que recayera sobre las espaldas de la mujer si el terreno resultaba estéril, abro un breve paréntesis sobre el tema, ya que no siempre el que no hubiera descendencia era consecuencia de su “parte”. Seguro que os viene a la memoria algún real nombre que otro sin salir de la Península Ibérica. Pero ese es otro tema.

A lo que voy!. Y, ya que digo Península Ibérica, y para cepillarme unos cuantos siglos de Historia antes de, por ejemplo, el año del Señor de 1492, habían habitado estos lares los Íberos, los celtas. Se pasaron y dejaron su huella los fenicios, los griegos, los cartagineses, los romanos, para dar paso a los godos y visigodos. Sin olvidar las incursiones de los vikingos, intrépidos ello, subiendo por el Guadalquivir (al-wādi al-kabīr, «el río grande»).

Si no erro, es en esta época, la de los visigodos, cuando se inicia por el Islam su expansión desde la península arábiga al suroeste de Asia y Oceanía, norte de África, y gran parte de la  Península Ibérica, incluyendo partes del Imperio bizantino.

¿A dónde quiero ir a parar con tantas idas y venidas de gente?. Pues, a  lo evidente. Pueblos y civilizaciones han existido siempre. Los imperios, en esta época histórica, se formaban a base de guerras y ganar territorio para el caudillo o rey de turno.

Volvamos a la península y a la rapidísima entrada del ya poderoso Imperio musulmán. Rápida porque no existía ningún reino grande y unificado que ocupara toda Iberia ( las tres provincias que formaban la Hispania romana). A los sumo, pequeñas zonas dispersas, ocupadas en guerrear entre sí. Según los historiadores corría el año 711.

Y entre el año 711 hasta el 1492 pasan unos cuantos siglos, ¿verdad?. ¿Por qué estuvieron tantos siglos dejando una impronta incuestionable?. A parte de estar mucho más avanzados en el arte de la guerra, de la medicina, de la astrología, y de todas las artes y ciencias de la ápoca.

La única parte que no pisaron (no digo ni para bien ni para mal, sencillamente es así), fue la zona norte peninsular, léase Marca Hispánica auspiciada por Carlomagno, (autoproclamado Emperador), siendo sus guardianes los habitantes de la zona. Todos ya muy cristianos.

Pasan los años, pasan los siglos, y en la cordillera cántabra un pequeño embrión va tomando forma de Reino; y por la zona montañosa los vascos se hacen inexpugnables, al igual que Navarra. Y guerrita por aquí, escaramuza por allá entre los propios reinos cristianos para expandir sus tierras y adherirlas a su Condado o Corona, para de vez en cuando se enfrentaban al poderoso ejército musulmán.

Para éste también pasa el tiempo, y después de 700 años, Damasco quedaba muy lejos, y también querían su trocito de tarta. Ya tenemos los reinos de Taifas.

Al tiempo, los acuerdos y pactos temporales seguían según conviniera, y como los señores feudales eran los amos de la tierra y de todo y todos lo que en ella hubiera, ampliaban sus territorios a base de alianzas, en la mayoría de ocasiones selladas por matrimonios.

Para no aburrir con un largo listado de reyes y condes, nos plantamos con la ya real, consolidada y fuerte Corona Catalana-Aragonesa, o Aragonesa- Catalana, que me da igual.

Su peculiaridad: el rey debía jurar lealtad a las instituciones propias de cada reino. Esto es, por separado en Aragón, Cataluña, y hasta Sicilia.

En una suerte de modernidad del alto medievo, la unión de los dos territorios lo fue al estilo federal o confederal.

En este punto me voy a atrever con otra cuestión: que si reino, que si condado, que si rey, que si conde.

Con un simple vistazo a la historia (aconsejable que con espíritu crítico y mente abierta), el hecho de que el señor feudal más fuerte fuera coronado rey (o aupado al trono, como prefieras), y con ello pasaba a convertirse de Conde a Rey, y su condado en reino, no hacía falta más que el Papa o un obispo te coronaran, haciéndose así su voluntad.

Volvamos al norte, dónde los señores-vasallos de los francos se habían independizado, formado y fortalecido un Condado. Su expansión, lógica y natural fue por el mediterráneo. El Condado de Cataluña, que a los albores del siglo IX y X, ya tiene carta de naturaleza “propia”, no pasó nunca a ser reino. Esto es, cambiar lo de condado por la palabra reino, porque así lo decidieron sus dirigentes, si bien, parece ser, que en algún momento estudiaron el tema.

La vanidad de ser llamado Rey de un Reino, en vez de Conde de un Condado, no nos puede hacer perder de vista que igual o más poderoso podría ser. En el nombre no radicaba su fuerza.

Mientras tanto, por la parte oeste peninsular, el pequeño reino de castilla había crecido (conquistas, anexiones, alianzas matrimoniales, etc).

Y llegamos al punto que os quería contar, y de ahí el título de este artículo. Salvo el Reino de Granada y Navarra, (uno musulmán y otro cristiano), los dos grandes eran los formados por Castilla, por un lado, y Aragón y Cataluña por el otro. De aquí a una alianza matrimonial hay un paso.

No estoy muy segura si Fernando II de la Corona Catalano-Aragonesa, vino un poco de rebote al trono. Pero, lo cierto es que Isabel I no estaba destinada a reinar ni de inicio, ni en medio. Pero, tantas muertes por el medio y alguna que otra conspiración palaciega, al final la auparon al trono castellano.
Y todo esta filípica para concluir que en Castilla, mandaba Isabel, y en sus guerras; y en Catalunya y en Aragón mandaba Fernando. Cada uno en su caballo.

La Historia continua: pero para la formación de los modernos Estados allá por finales del siglo XVIII principios del XIX, (por ejemplo, Italia nace como tal en, 1830), tendrá que pasar primero la época feudal, su fin, por la trasformación al absolutismo, al despotismo ilustrado, el Imperialismo, y unas cuantas guerras más.

Pero no nos adelantemos tanto. Antes, nacerá el llamado Imperio de los Reinos de España, junto con el inglés, el francés, la alemana, y a la chita callando, el belga. Aunque esa es, también, otra historia.
Para ilustrar dónde estaba situado cada cual allá por el Siglo XV, os dejo unos mapitas. Ay!,perdón. Siempre me olvido de Portugal.

Después de todo, que cada cual saque sus propias conclusiones sobre el término "Re-conquista".





PS: Desconozco los autores de los mapas, pero nada me alegraría más que poder mencionar su autoría, previa a su consentimiento, por supuesto.




miércoles, 14 de febrero de 2018

CUANDO LA PAREJA ES 1


Ella había quedado con una vidente, una tarotista. A pesar de su mentalidad racionalista, se encontrada perdida en sí misma, liada y aturdida. En uno de esos momentos de debilidad que se cogía a lo que sea para salir de esa niebla espesa que nublaba su cerebro.

Fue recomendada. Le habían dicho que era buena, no de aquellas charlatanas, estafadoras, que no te dice lo que quieres oír para sacarte, con gusto, el dinero.

El día y la hora de la cita estaba allí, puntual,  delante de la puerta de la tarotista-vidente. Levantó la mano, apuntó con su dedo al piso del interfono. Bajó la mano. “¿Pero, qué estoy haciendo aquí?, ¿me voy a gastar un dinero en media hora, tal vez una hora,  que me cuesta mucho ganar para que me digan cuatro tonterías?. Volvió a levantar la mano y tocó el timbre.

Subió las escaleras, llamó a la puerta. Y una señora, vestida con bata de estar por casa, no mucho mayor que ella le abrió la puerta. Se presentaron casi con frialdad; desde luego con cierto escepticismo por parte de la chica. Y, notó que la tarotista percibió ese escepticismo inicial. No era nueva en el oficio.

A su vez la tarotista pensó:” Bueno, ya veremos dentro de un rato.”

Era un piso particular (como siempre, supuso la chica). Un dinerito extra no va mal!.
La hizo pasar a una sala donde le explicó que era allí donde hacia sus sesiones. La mantenía con una vibración y armonía adecuada. No en vano pasaba mucha gente con energía negativas que debían ser limpiadas para mantener su buena “visión”.

Empezaron a hablar. Al principio preguntas sin ningún trasfondo místico-esotérico pensó. De dónde era, a qué se dedicaba, bla, bla bla….

Se equivocaba. Estaba estudiándola, poco apoco, para saber a quién tenía delante, cuál era su punto débil, que le preocupaba en el fondo. Con todas las respuestas de la chica, y con todas las preguntas que la vidente le iba haciendo a medida que trascurrían los minutos de la sesión, la tarotista iba tejiendo sus respuestas.

Pasaban los minutos y el elixir que tanto anhelaba beber no aparecía. ¿Por qué repuñetas vengo a que me digan lo que ya se, o consejos manidos que podría leer en cualquier revistucha?. Ya conozco mi pasado, por eso es pasado. Ella misma no se consideraba una chica, una persona, atolondrada y con más pájaros en la cabeza que neuronas. “Somos así”- pensó- necesitamos que nos digan lo que ya sabemos”.

Pero, en un momento de esos de tú me dices - yo te digo, y voy hilando cual tejedera para que te quedes empapada en esa sustancia viscosa de la red, ocurrió algo. Le preguntó:” tienes pareja”. Ella respondió muy segura y firme”: Si, claro, tengo pareja”.

Y la vidente- tarotista en bata de estar por casa le contestó: “pues las cartas dice que estás sola. No veo ninguna pareja”.

El mundo se hundió bajo sus pies. No era posible, llevaba con esa persona bastante tiempo,. Años.  Pero, en el microsegundo después del hundimiento del Titánic se dio cuenta que eso era lo que había venido a buscar.

- “Mira” - continuó la tarotista, que ya había encontrado por puro arte de dominar la psicología más básica y elemental de los sentimientos humanos la clave de bóveda- “Puede que vivas con otra persona, pero no en pareja. Una pareja son 2. Y aquí solo hay 1. Y ese 1 eres tú. Una persona no puede llevar toda la carga de 2, de lo que es una pareja. Una persona no puede amar por dos. Estás en un engaño”.

Acabada la sesión tarótico-psicológica, y la vidente, ahora sí, la despidió con dos besos, Tal debía ser la cara de descoloque de la chica.

Bajó a la calle. Esperó el autobús. Durante el trayecto devuelta a casa, decidió bajarse en una parada que estaba más de 5 km de casa. ¿De qué casa?. Necesitaba caminar.

Casi como una autómata paseo por todas las calles y callejuelas que le llevaban a casa. No sabe cuántas horas estuvo deambulando, dándole en la cara el aire frio de la noche que tanto agradecía. Le habían dicho lo que hacía tiempo, demasiado tiempo, tal vez años, intuía: era ella sola la que mantenía en pie una pareja. Cuántas indirectas de amigos y conocidos le venían a la memoria. Sus pies parecían no posar el suelo. Ese mundo que creía haber construido se había desmoronado como un castillo de naipes con un simple soplo.

¡Cómo había podido ser tan idiota!, ¿Cómo se había dejado manipular de esa manera? Por amor. Por un amor malentendido, irreal, inexistente (tal vez solo el primer año, tal vez hasta el segundo).
Llevaba tiempo que el jarrón se había roto y por mucho que lo recompuso con loctite, las grietas estaban, y nunca más vuelve a ser el miso jarrón. Lo sabía, pero cuando lo conoció era la primera vez en años que sitió que encontraba la estabilidad. Le habíandado migajas de cariño de vezen cuando.
Lo sabía, y aún así  lo había hecho durar años incensarios y perdidos de su vida. Pensó en ese momento.

Cuando llego a casa ya lo había decido: era el día del punto final. Doloroso. Pero, más doloroso y perjudicial para sí misma era seguir en una relación en la que solo existía para ella.

Años más tarde, se dio cuenta que tampoco había perdido parte de su vida. Había aprendido una lección necesaria. Ella necesitaba esa lección, Y la vida se la dio. Se dio cuenta que se había hecho fuerte, había dejado muchos de sus fantasmas atrás. Y, cuando digirió el duro aprendizaje, dejó de ser dura con ella misma porque, sencillamente, buscó lo que le faltaba, lo que se le habían escatimado. Y había sido lo suficientemente fuerte  inteligente para cambiar el rumbo de su vida. Una falsa por una real.

Se dio cuenta que para amar de verdad, de corazón, lo primero que necesitaba era estar en paz con ella misma, para después dar y recibir amor.

Dar y recibir. Tenía mucho por dar, y las puertas abiertas de forma consciente para recibir amor, cariño y comprensión.

Como dice el bolero: ”Tres cosas hay en la vida: SALUD, DINERO Y AMOR”. Los tibetanos dicen que hay un par de cosa más, pero esa es otra historia. A lo que vamos. A estas sabias palabras del viejo bolero, siempre me he preguntado si el orden en que lo cantan es el correcto. ¿Va antes el dinero que la salud?¿ el amor al dinero?¿ el amor a la salud?.

Está claro que si no tienes salud, poco puedes disfrutar del amor. Si tienes mucho dinero y poca salud, eso te ayuda, pero poco disfrutas de la vida, y menos del amor. Si tienes amor, pero ni un duro y una salud paupérrima, tampoco puedes disfrutar de la vida con tu compañero o compañera de viaje.
Aún estoy en ello.

Mientras tanto, “QUIEN TENGA ESAS TRES COSITAS, QUE LAS CUIDA, QUE LAS CUIDE”, trátate cómo lo que eres, una reina. O,un rey….





¿ESTÁN EN PELIGRO NUESTROS DERECHOS FUNDAMENTALES?

Cuando el Presidente del Gobierno anunció la entraba en vigor el Real Decreto 463/2020, por el que se decretaba el estado alarma, a partir...